La avaricia

Al hombre codicioso y agarrado, de nada le sirven las riquezas;
y ¿qué le aprovecha el oro al hombre tacaño?

El que amontona, privándose a sí mismo, para otros amontona;
un extraño se regalará con sus bienes.

¿Para quién será bueno el que para sí mismo es mezquino,
y no sabe gozar de sus bienes?

Quien es avaro contra sí mismo, es el hombre más ruin del mundo,
y ya recibe el pago de su pasión perversa.

Si algún bien hace, sin pensar ni querer lo hace,
y al cabo viene a manifestar su malicia.

Maligno es el ojo del envidioso, quien vuelve su cara al otro lado,
y desprecia su misma alma.

No se sacia el ojo del avaro con una porción injusta;
no se saciará hasta tanto que haya consumido y secado su vida.

El ojo maligno está fijo en el mal; no se saciará de pan;
se está famélico y melancólico en la mesa.

Hijo mío, disfruta de aquello que tienes,
y haz de ello ofrendas dignas a Dios.

Acuérdate de la muerte, la cual no tarda,
y de la ley que se te ha intimado de ir al sepulcro;
porque el morir es una ley de la que nadie está exento.

Antes de morir haz bien a tu prójimo,
y alarga tu mano hacia el pobre según tu posibilidad.

No te prives de un buen día,
y del buen don no dejes perder ninguna parte.

¿No ves que has de dejar a otros tus sudores y fatigas,
y que a la suerte se lo repartirán entre sí?

Da, y toma, y santifica tu alma.

Eclesiástico 14
(Fragmentos)

“De nada le sirven las riquezas”, nadie más pobre que el avaro, pues queriendo ser muy rico vive tan miserablemente como si nada tuviera. Proverbios 13:22: “la riqueza del pecador, está guardada para el justo”; 22:16, “el que oprime al pobre para aumentar sus ganancias, ciertamente se empobrecerá”; 28:8: “el que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés, para aquel que se compadece de los pobres las aumenta”; Eclesiastés 5:12: “al rico no le deja dormir la abundancia”.

Una viuda pobre hizo valer más un centavo, que toda la ofrenda de los ricos (Marcos 12:41).

“Desprecia su misma alma”, el avaro mira envidiosamente hacia los bienes de otro como codiciables, mientras desprecia los propios que tiene delante.

“El morir es una ley”, “A los treinta años se piensa en hacer fortuna, y a los cincuenta comienza a hacerse; en la vejez se echan los cimientos del edificio, y la muerte sorprende cuando entran en acción los pintores y vidrieros” Jean de La Bruyère.

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